¿Quiénes son realmente los jóvenes de la Ibero?

Con sus gritos de “¡Fuera!” y “Atenco no se olvida”, los jóvenes de la Ibero no sólo corrieron del campus al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, sino también sacudieron a la opinión pública. Para ser honestos, nadie lo hubiera dicho de estos estudiantes tan fresas. Una demostración así era de esperarse en cualquier universidad pública pero ¿la Ibero? Sus estudiantes cursan un semestre en España o Francia, hacen sus compras en Estados Unidos, se divierten los fines de semana en “Playa”, tienen casa de descanso en “Valle” y una “nave” para llegar a clases. Ya han estado en París, esquiado en Vail, y ahora planean su viaje de graduación en Tailandia. Para ser honestos, nadie esperaba que estos jóvenes cuyas familias pagan una colegiatura promedio de $5,000 dólares semestrales representaran una fuerza política en México porque de alguna forma, ellos han sido los más mimados del sistema económico y político del país.

Tan sorprendidos habrán estado los priístas de la campaña de Peña Nieto, que de inmediato dieron la orden de investigar a esos jóvenes y rápido se inventaron que eran estudiantes “infiltrados”, un boicot, y poco les faltó para decir que aquello era un “compló”.

Por el activismo de estos jóvenes, ahora sabemos que definitivamente no son infiltrados y que sus vituperios fueron totalmente genuinos. ¿Pero de dónde salieron estos enemigos de Televisa y del PRI? Hace poco, una experta dijo que los seres humanos adquirimos nuestra postura política e ideológica entre los 11 y 14 años de edad según la teoría del desarrollo de Jean Piaget, y que los acontecimientos políticos, mundiales y económicos que ocurran durante esa etapa nos marcarán para siempre.

De ser cierta esta teoría, los universitarios, cuyas edades van de 18 a 23 años, tuvieron su etapa de mayor influencia política entre 2000 y 2008. Entonces salta que estos jóvenes nacieron después del terremoto de 1985 y después de la “caída del sistema” de 1988 (el fraude electoral más vergonzoso en México). Algunos eran bebés cuando Colosio, el candidato presidencial del PRI, fue asesinado en Mexicali. Quizá aprendían a caminar cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio y los Zapatistas se levantaron en armas. Los de 23 y 24 años tienen recuerdos borrosos de la “crisis del 95”, el peor colapso financiero de México. Los dos personajes más temidos en su niñez fueron el “chupacabras” y el ex presidente Carlos Salinas de Gortari. “Me acuerdo mucho de la crisis del 94, de la devaluación del peso, y de lo caro que era todo”, me dice una recién egresada de la Ibero y quien entonces sólo tenía seis años. Un recuerdo que marcó su niñez fue que el viaje familiar a Disney se postergó por la devaluación del peso.

Pero desde aquella crisis, el peso mexicano ya no sufrió otro sorpresivo desplome sexenal porque el Banco de México dejó un sistema de cambio fijo y adoptó la libre flotación. En esa misma época, se realizaron las primeras elecciones para elegir alcalde en la Ciudad de México y ganó un candidato de izquierda. Estos jóvenes han vivido prácticamente toda su vida en el DF comandado por gobiernos del PRD y a comparación de las generaciones anteriores, se criaron en una relativa prosperidad porque después de 1994, no hubo otra crisis económica de grandes proporciones en México hasta la más reciente recesión mundial de 2009.

Los jóvenes Ibero y todos los demás universitarios son una generación dorada porque su pubertad estuvo marcada por el optimismo que inundó al país cuando por primera vez llegó un candidato de la oposición a la presidencia. Vieron la histórica marcha de más de 250,000 ciudadanos en el DF para protestar por la creciente ola de secuestros en 2004. Escucharon el surgimiento de organizaciones civiles para luchar contra la inseguridad pública en el DF.

Según Piaget, alrededor de los 11 años, los seres humanos comenzamos a escuchar ideas y a interesarnos en lo que discuten los adultos en la mesa. Así es que estos jóvenes seguramente supieron que un presidente era ridiculizado por comprar toallas de 400 dólares así como los escándalos por los videos que demostraban los flagrantes sobornos al secretario de Finanzas del DF. También prestaron atención cuando los adultos discutían entre los enemigos del  “Peje” y quienes simpatizaban con este controvertido político tabasqueño. Y más aún, también presenciaron la cerrada contienda electoral y las denuncias de fraude del PRD.

Hasta la fecha, las encuestas dan una clara preferencia a Enrique Peña Nieto en la próxima elección presidencial del 1 de julio, y por ello, las generaciones anteriores empezábamos a resignarnos “otra vez el PRI”. Pero ellos le gritaron “¡La Ibero no te quiere!”. Los adultos mayores de 24 años somos generaciones que vivimos en carne propia crisis sexenales y poco a poco, fuimos exigiendo un país más democrático.

Pero con la democracia, el país se empezó a tambalear entre los vicios del pasado y la falta de consenso y de instituciones sólidas para reformar de fondo el sistema político y económico. De la misma forma que aprendimos a usar internet en la adolescencia o mucho después, somos generaciones con escaso poder de organización civil y por lo tanto, de influencia en la esfera democrática. En cambio, los jóvenes de la Ibero aprendieron a leer y a escribir cuando ya existía internet en sus escuelas y casas, y desde 1994, hubo elecciones transparentes en México. Así como estos jóvenes tuvieron su primer amor por mensajitos de celular, están más acostumbrados que nosotros a los desafíos y los privilegios de un país democrático. Los movimientos ciudadanos en países árabes como Tunez, Egipto, Libia y Siria en 2010 tampoco pasaron inadvertidos para los actuales universitarios, quienes parecen imitar a grupos de indignados en España, Chile y Estados Unidos.

Ellos que crecieron con el optimismo de un país más democrático ahora enfrentan una cruda realidad. Justo en el momento histórico en que México tiene más personas en edad de trabajar que ancianos y niños, la tasa nacional de desempleo es alarmante. Gracias al avance de la clase media mexicana y el “bono demográfico”, nunca antes se había logrado que tantos  jóvenes asistieran a la universidad en México pero de acuerdo con INEGI, del total de egresados universitarios, sólo un tercio encontrará trabajo acorde con su formación profesional.

En mi generación, ir a la universidad ya no era garantía de encontrar trabajo, pero todos mis compañeros de preparatoria terminaron con un buen empleo en grandes empresas mexicanas o transnacionales. Hoy, los jóvenes de la Ibero y de muchas otras universidades pasan meses buscando un empleo a pesar de sus “contactos”, el alto prestigio de sus universidades, y su alto nivel educativo. Quizá esta realidad les ha hecho entender que la continuación del modelo económico ha generado un pobre crecimiento económico que no supera la tasa de 2% anual y que deja a miles de jóvenes con pocas opciones

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