Respondiendo a lectores furiosos por el DREAM-Act

Ayer, publiqué una nota en inglés sobre una joven, Rosa Álvarez quien hace un año se graduó de la Universidad de Wisconsin pero debido a que ha vivido en este país como indocumentada desde los 9 años, su única opción laboral es trabajar como niñera en Austin. A ella le gustaría ser maestra pero las autoridades de inmigración le impiden buscar un trabajo mejor remunerado.

Verónica Cervantes, estudiante de ACC participa en una protesta a favor del DREAM Act. (Jay Janner, ¡ahora sí!)

Verónica Cervantes, estudiante de ACC participa en una protesta a favor del DREAM Act. (Jay Janner, ¡ahora sí!)

Hablar con Rosa fue algo conmovedor igual que cada vez que hablo con estudiantes brillantes, jóvenes con grandes ambiciones y aspiraciones pero cuya situación de inmigración les impide realizar su máximo potencial.

Publicar esta nota generó una serie de reacciones (algo esperadas) de los lectores del Statesman.

Una mujer me llamó y con indignación me preguntó: “Is she an illegal alien?”
La pregunta me dejó pensando… con muchos años de educación he conseguido hablar bien sólo dos idiomas: español e inglés, ambos están diseñados para seres humanos y juro que jamás he tenido contacto con seres fuera de este mundo. Así es que confundida, sólo le contesté: “ella es un ser humano”.

Otro lector contestó indignado: “si Rosa es inmigrante, hija de una madre soltera y latina, lo más seguro es que fue más fácil ser aceptada a la universidad que un joven blanco”.

Sí, muchas universidades aplican criterios de cuotas de género o raciales en sus políticas de admisión. En un mundo ideal, todos competerían por igual. Pero en un mundo ideal, todos también tendrían las mismas oportunidades y los reclutadores universitarios no serían seres humanos sino robots automatizados.

Siendo mujer y latina, siempre he preferido alcanzar logros por mis propios méritos que salir beneficiada por una cuota de género. Claro, tampoco estoy de acuerdo en que mis méritos no reciban reconocimiento por el hecho de yo sea mujer o tenga un marcado acento en inglés.

“Esta joven extranjera estudió gracias a nuestros impuestos y robó un lugar universitario a un ciudadano estadounidense”. Es cierto que los inmigrantes toman empleos y educación que debería ser para ciudadanos estadounidenses pero debido a una baja tasa de natalidad y un rápido envejecimiento de la población estadounidense, son los inmigrantes jóvenes quienes pueden mantener la productividad de este país.

Sobre los impuestos, no se preocupen. La madre de Rosa ha trabajado y pagado impuestos como cualquiera. Ya sea comprando productos con impuestos o bien, haciendo una declaración de impuestos a través de un Número de Identificación Fiscal Individual (ITIN), el cual permite a personas sin número de seguro social, declarar sus impuestos al IRS.

Muchos inmigrantes indocumentados pagan sus impuestos puntualmente con la esperanza de que si algún día ocurre una reforma de inmigración, sus declaraciones fiscales acrediten su buen comportamiento y sean merecedores a la legalización de su estatus en este país. Otros, usan un número inexistente de seguro social para conseguir trabajo y la Administración del Seguro Social tiene millones de dólares aportados a números falsos que jamás serán reclamados.

“Rosa cometió un delito”. NO. Ella tenía 9 años cuando llegó a este país y un niño de esa edad sólo puede seguir las decisiones acertadas o erróneas de sus padres.

“Que regrese a su país”. Esta quizá sería su mejor alternativa ya que Rosa nació en la pobreza en algún país latinoamericano y nada sería mejor que ella regresara con una educación universitaria estadounidense. Estoy segura que Rosa tendría grandes oportunidades de empleo en su país de origen. Pero dejar Estados Unidos sería el mayor desperdicio de recursos para los contribuyentes de este país.

Finalmente, la mujer que me habló con tanta indignación me dijo: “Yo le voy a pedir a las autoridades de ICE encuentren a Rosa y la deporten”. Esta mujer tiene todo el derecho de denunciar a una persona que ha violado las leyes de inmigración de este país (aunque haya sido involuntariamente) y las autoridades tienen todo el derecho de deportar a personas que entraron a este país sin autorización.

Eso sí, deportar a 12 millones de personas tendría consecuencias graves para la economía de este país, porque de pronto, las cosechas se echarían a perder, los precios de las nuevas construcciones aumentarían a niveles estratosféricos al igual que los precios de la comida en los restaurantes, las tarifas de hotel e incluso, algunas parejas tendrían que renunciar a sus trabajos de oficina para cuidar a sus hijos en casa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s